Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, es actualmente tesista de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. Participó en el Taller Literario de Escritura Narrativa de Monte Ávila Editores dictado por Carlos Noguera y en el Taller de Ensayo Literario dictado por Armando Rojas Guardia en la Fundación para la Cultura Urbana, y fue seleccionado para participar en la III edición de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana con el cuento “Génesis (la noche antes del diluvio)”, contenido a su vez en el libro de relatos Cuando bajaron las aguas (2009), único ganador del VI Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores. Ha sido colaborador de diversas publicaciones como la revista literaria Babel, el anuario del Instituto de Investigaciones Literarias de la U.C.V., el Papel Literario de El Nacional, la revista de poesía venezolana El Salmón y de diversos portales literarios en Internet, tanto nacionales como internacionales: «Letralia, tierra de letras», «Ficción Breve Venezolana», «el Blog de los Hermanos Chang», «500 Ejemplares», la revista digital mexicana «Círculo de Poesía», entre otros.
Fragmento de: “Los herederos”
“(…) No tardó en llegar el día en que desayunamos sin dirigirnos una sola palabra. Más allá de un asentimiento o de un gesto de fastidio, Papá ni siquiera se percató de mi presencia: los sermones matutinos y las quejas de rigor resonaron esa vez sólo en mi cabeza. Me pregunté si estaría enfermo, o deprimido, o si habría algo que pudiese hacer para animarlo. Incluso me pregunté si extrañaría poder observar sus propias fotos, sin necesitar de un torpe lazarillo como yo. Ese mismo día llegué a la oficina en completo silencio, como contagiado por aquel extraño mutismo, y le escribí a Guillermo casi de inmediato transmitiéndole mi nueva preocupación. Su respuesta, que llegó con inesperada prontitud, decía que la ceguera de Papá se había tragado también nuestras palabras. Y ya. Semejante explicación parecía bastarle, pues no mencionó más el asunto en su mensaje. Me envió en cambio un par de fotografías de Granada, su nueva ciudad: fotografías que ya no valía la pena describir a Papá, y que deseché al instante de mi correo electrónico. Pocas veces me había sentido yo tan culpable, como al momento de cerrar con un suspiro la ventanita del buzón de correo. Pensé que yo también le arrebataba la vista a Papá, al negarle mis ojos para ver dos o tres fotografías de mi hermano en el extranjero. Me sorprendió ese gesto mezquino, vengativo, especie de sentencia para alguien que ya está más que condenado. Esa noche me fui temprano a mi apartamento, y le expliqué a Papá por teléfono que tenía mucho trabajo y que pasaría la noche en ello. “Vale, ya yo veré”, respondió con parquedad. No sé bien a qué se refería, ni traté de preguntárselo. Pero esa misma noche tomé la decisión de volver cuanto antes a vivir en mi apartamento. Y al contrario de lo esperado, no obtuve de él un sólo reproche al decírselo unos días después. No se mostró ni triste ni contento. Quizás sencillamente nunca me vio salir.”De: Cuando bajaron las aguas (2009)
Actualmente es Tesista de Letras por la Universidad Católica Andrés Bello. Ha realizado talleres de poesía en la UCAB con Miguel Marcotrigiano. En Monte Ávila Editores con María Clara Salas. Así mismo, a talleres de narrativa en la UCAB con Ángel Gustavo Infante y en el CELARG con Luis Barrera Linares. Destacó como Columnista del diario De Frente (diario de circulación regional del Estado Barinas). Fue invitado a la 10ma Feria Internacional del Libro (Carabobo), en calidad de ponente, en la tertulia Corte y costura del texto literario. Ganador del Primer Premio en el III Concurso de Cuentos Breves de
“Había una vez un muchacho que se llamaba Benedicto XVI, o no se llamaba, sino que le decían así porque se llamaba Joseph Alois Ratzinger. Era un muchacho bueno y estudioso, y también era virgen. Un día Ratzinger prendió un incienso y su cuarto empezó a oler a sándalo. Se acomodó como pudo en un cojín y se colocó delante del altar que él, con mucha fe y mucha devoción, le erigió a una deidad postmoderna que lo había visitado hace mucho tiempo cuando él era apenas un adolescente flaco y con el semblante amarillo [a los 14 años se masturbaba 3 veces al día]. Santa Vagina, opresora de mi pene, escúchame. Eso fue lo que él balbució, porque en efecto le rezaba a una vagina que estaba pegada en la pared, sobre el altar. Cerró los ojos, cruzó las piernas y juntó las manos, parecía un yogui a punto de rasgar el himen de su existencia.
Se puso a meditar sobre la profundidad de los detalles de su vida, imaginó que atravesaba la autopista en su volkswagen negro, porque él tenía un volkswagen, entonces vio un hueco en el asfalto y se sonrió. Más adelante vio otro hueco en la carretera y no se sonrió, sino que casi se le disloca la mandíbula a causa de tanto reírse, y el motivo de la risa era que a Ratzinger le excitaban los huecos porque se imaginaba que un hueco en el asfalto era una gran vagina. También le pasaba lo mismo con las cerraduras y le era muy excitante abrir las puertas de su casa porque era como tener un coito con su llave, sobre todo cuando ésta encajaba perfectamente en la cerradura, entonces creaba paralelismos, por ejemplo, el hecho de que la puerta se abriera después de girar la cerradura era lo mismo que tener un orgasmo, o por ejemplo, un período refractario era análogo al hecho de sacar la llave de la cerradura. Etcétera. (…)
Cuando Ratzinger escuchó la palabra pudorosa despertó por fin de su meditación. Entonces la meta-imaginación que imaginó lo inimaginable fue escrita por la mano del autor que no soy yo sino otro autor que está más allá de la meta-imaginación que imaginó lo inimaginable. Y Joseph Alois Ratzinger tampoco es el actual Papa. Amén”

Santiago Acosta (San Francisco, EE UU, 1983). Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, donde se ha desempeñado como profesor de la Escuela de Letras. Tesista de la Maestría en Literatura Venezolana de la misma casa de estudios. Ha publicado el poemario Detrás de los erizos (2007), ganador del V Concurso para Obras de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores. Artículos y poemas suyos han aparecido en diversos medios impresos como la revista española Quimera, el “Papel Literario” del diario El Nacional, y las revistas literarias venezolanas Babel y Ateneo, entre otras. Es editor, junto al poeta Willy McKey, de la revista de poesía venezolana El Salmón, publicación que reflexiona a propósito de la tradición poética venezolana, con preferencia por los poetas olvidados o desatendidos por la crítica, las editoriales y la academia.
Quisiéramos hallar en el aire
un grano
que no nos tenga
o la mano que lo haga estallar.
--------+-----+-------+-----+
Es tuya la navaja quebrada
que brota detrás de mi lengua
(Sus muelles silban sobre lo crudo)
Tú volcaste esa copa de polvo
donde apenas soy
un nudo de barro
un resto sordo en tus dos espaldas.
De: Detrás de los erizos (2007)
Eliza rincón, (San Cristobal, 1986)
Esta hoja callada no abandona al árbol frenético
No se desplaza,
real
hacia el fulgor.
---*---------*-------*
Lámpara maldita es ésta que se enciende en el habitad de los huesos
Tajo de angustia
Astro de angustia
Animales caleidoscópicos lamen
la constelada cabeza de lo invisible.
Marta Durán (Trujillo, 1976)

Licenciada en Letras (Universidad del Zulia, 2005). Actualmente cursa la maestría de Estudios Literarios en
Fragmento del relato “Sin paisaje”
Sentada en la arena, deseando la posesión de plantas-caricias que se alojaran en su cuerpo para resistir un poco más, para alimentarse de ellas, comenzó a sentir que no tenía fuerzas para seguir esperando. Sus brazos empezaron a transformarse en largos tentáculos que se cosían a la arena; su piel se tiñó de colores pasteles, casi todos verdes, verde agua, verde grama, verde rojizo como de muerte. Se sintió parte de un enorme acuario, encerrada entre murallas de vidrio, cercada en esa ciudad que decía tener un mar. De repente recordó: no todas las anémonas son bienvenidas en el acuario, una frase alguna vez escuchada, alguna vez leída. Entonces comenzó a secarse en la arena, intentó entrar al mar para empaparse un poco, pero sólo encontró desierto, peces primitivos, momificados en su intento por respirar; fragmentos de madera desgastada, evidencias de viajantes antiguos; imperios coralinos corroídos, huellas de un pasado húmedo y glorioso. Así que encontró la vida contenida, estancada, inmovilizada del que espera y no encuentra. Así que se olvidó definitivamente de él, de todo lo que había dejado. Así que es ahora otra anémona más, estampada sobre una roca, incrustada como si hubiese sido pintada, como si jamás hubiera tenido vida. (Del relato “Sin paisaje”)
De: Qué impertinente manera de volver. (2007)
Vanessa A. Márquez Vargas (Mérida, 1985)
Licenciada en Letras, Mención: Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por
V
En el mediodía de tu nombre
el asco y el hastío
son virtudes de mi cuerpo descompuesto.
VII
Relación criminal-víctima:
Albergué mi esperanza
hasta el último momento.
Esperaba que sólo fueses tú.
XIII
Fingida la imagen del espejo...
Veo cómo el tiempo se resume en las cenizas.
De Vértigo y escepticismo
Willy McKey (Caracas, 1980). Poeta, editor y docente.

Egresado de la Escuela de Letras de la UCV, actualmente cursa la maestría en Estudio Literarios. Lleva a cabo, junto al poeta Santiago Acosta, el proyecto hemerográfico El Salmón - Revista de Poesía, una publicación que reflexiona a propósito de la tradición poética venezolana, teniendo un marcado acento en el abordaje de poetas olvidados o poemarios desatendidos por la crítica y la academia. Su primer poemario, Vocado de orfandad, recibió el Premio Fundarte 2007 en la mención Poesía. Parte de su trabajo cierra la antología En-obra: antología de la poesía venezolana 1993-2008, hecha por Gina Saraceni y que comprende a los poetas nacidos entre 1959 y 1980. Es colaborador de Papel Literario, de El Nacional.
Hacer de un verbo
lugar
plaza
de armas
Nombrar vivaques
cercados
con palabras secretas
parajes como
único
santo
y seña
Pasar la noche al raso del silencio
decir.
De: Vocado de orfandad (2008)
------+--------+----------+
junto a otras especies en extinción.
Por eso, con suerte, venceremos.
venceremos.
Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981)
Licenciado en Letras y Magíster en Estudios Literarios por la Universidad Central de Venezuela. Profesor de la Escuela de Letras de esa casa de estudios. Ha obtenido mención especial en el Concurso Nacional de Cuentos SACVEN, en sus ediciones III y IV. Ganador del Concurso de autores inéditos de la editorial Monte Ávila, mención narrativa 2005, con el libro Una larga fila de hombres, el cual fue publicado ese mismo año. Ganador del 61 Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional. En 2007 formó parte del grupo de escritores del Bogotá39, en el que se reunió a una muestra representativa de nuevos narradores latinoamericanos menores de 39 años. En el 2008 publicó el libro de cuentos Los invencibles. Es, junto a Luis Ylas, creador y coordinador del colectivo Relectura.
“(…) Pero a fin de cuentas, ¿qué es lo que había desencadenado todo este cuestionamiento? Sabía que había sido al leer aquella frase. Sí, al leerla se sintió interpelado como si el narrador le hubiese mirado a los ojos, a él, a Miguel, y sin consideraciones de ningún tipo le hubiese soltado aquellas palabras. Con inusitada energía (sólo mental, abstracta, por supuesto) Miguel decide encarar el problema y enfrentarlo desde la raíz. Relee la frase y comienza a analizarla, a mirarla a los ojos, sin interponer excusas o correcciones mentales. Siguiéndola al pie de la letra, la frase parece indicar que la hombría radica en el acto valiente que hace un hombre al dejarse coger por otro. Pero Miguel desecha, al menos en parte, esta interpretación. Es demasiado literal. Ahora intenta ir más allá del choque inicial que genera la frase y piensa que si el narrador de Plata quemada afirma que hay que ser muy macho para dejarse coger por un hombre es por el dolor que semejante acción conlleva. Un dolor muy específico, añade después Miguel. Con implicaciones distintas de cualquier otro dolor, un dolor que invade cuerpo y espíritu, que se debe pegar al alma como una afrenta, como un remordimiento, especula Miguel. Se siente tranquilo con esta interpretación o, por lo menos, no está angustiado. Pero esta débil película de tranquilidad que hay en su rostro se rompe frente a una nueva pregunta: ¿por qué entre tantas pruebas de hombría que ha visto en el mundo –sacerdotes chinos que se flagelan durante horas, domadores de leones, surfistas cabalgando olas de treinta metros– le llama la atención, precisamente, ésta? Porque le parece verdadera, piensa sin darse cuenta. Las otras son de la piel para afuera y cicatrizan. En cambio con esta singular prueba no se puede predecir nada. Y Miguel sabe que es superficial medir la hombría en términos de pruebas, pero sabe también que él no puede medirla de otra forma. Finalmente, a sus cuarenta y un años, admite que siempre ha sido un cobarde o, por lo menos, así se ha sentido, que es lo mismo.”
De: Una larga fila de hombres (2005)
Pedro Varguillas (Maracay, 1988)
Tesista de la escuela de Letras de la Universidad de Los Andes. Ha realizado talleres con Luis Alberto Crespo. Formó parte grupo Bello Púbico. Fue invitado a la 10ma Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (UC), en calidad de ponente, en la tertulia Corte y costura del texto literario. Fue el coordinador estudiantil de las IV Jornadas Estudiantiles de la ULA. Mantiene con cierta irregularidad el blog La expulsión del paraiso, junto con el narrador Fabián Coelho. Ganador en 2009 del XX Concurso anual de DAES (ULA) en la mención de poesía, con el libro Los poemas del Payaso. Ha sido colaborador del Diario El siglo (Maracay) y de la revista Quimera (España).
¿Qué hay allá
más allá?
¿Qué nos separa
de la distancia?
¿Cuál es la espera
frente a lo llano?
¿Quién llama
a tu sombra?
¿Qué hay después
de aquello?
Simón Zambrano (Araure, 1976)
Poeta. Autor de los poemarios Yo vivía en el refugio de mis palabras andantes (2006), Nido con aves muertas(2007) y Mutismo (inédito). Ha participado en varios recitales y colaborado en publicaciones regionales y nacionales. Con Yo vivía en el refugio de mis palabras andantes se hizo merecedor de la mención honorífica en el XVIII Concurso de DAES-ULA en 2006.
Sombras
La sombra de la belleza
no ocupó mi triturado cuerpo
ni las aves en su imaginario vuelo
despertaron en mí su aliento
No soy de donde vengo
nada he hecho con mis manos
para merecer el cielo
Soy un náufrago que todos quieren olvidar
porque no sé amar
ni reconocer la vida
en las gotas de lluvia
Tampoco he aprendido
a dialogar con el viento
No sé escuchar las campanas
y en la oscuridad del sol y en la luz de la luna
no percibo los cuerpos ocultos
Sólo digo palabras
que van y vienen
aletargando las sombras
y tapizando corazones
con el aullido de edificios en construcción
de candelabros oxidados
y de mujeres que se pelean mi alma
Para alimentar a zamuros blancos.
De Nido con aves muertas (2007)
Daniel Arella (Caracas, 1988)
Estudiante de Letras mención Literatura Hispanoamericana y Venezolana de
“El mueble”
No hay comentarios:
Publicar un comentario